Símbolos del Santuario


El que todos los santuarios de Schoenstatt en el mundo entero, sean muy semejantes, no obedece a una falta de imaginación, sino al hecho que, a través de ellos, se nos transmite el alma del Movimiento.   La idea es cuando visitemos un santuario, sea donde sea, siempre nos sentiremos en casa.

 

 

El cuadro de la Mater ter Admirabilis

cuadro de la mater y marco Esta imagen de la Virgen es una imagen sencilla; cercana. Sin embargo, nos transmite todo el amor y cercanía de la Santísima Virgen. Nuestra mirada se encuentra con su mirada y así podemos entablar un diálogo materno-filial.  Ella sostiene en sus brazos a Cristo, su Hijo, a quien nos lo entrega, nos invita a amarle a seguirle. En Schoenstatt, nunca encontramos a María aislada; ella siempre está junto a Cristo, en una estrecha bi-unidad con él.   Igual que estrecha al niño Jesús en su corazón, igual lo hace con cada uno de sus hijos, nosotros.

 

 

El marco luminoso del cuadro de la MTA

La imagen de la Mater posee un marco luminoso que rodea toda la imagen.  Con él se anuncia la belleza de la Madre de Dios, la abundancia de gracias, el poder y la santidad de la Madre tres veces Admirable.  Quiere infundir en todos los corazones el amor heroico y victorioso a Ella.  Una proclamación de fe pascual en la vida que Jesús resucitado.  Este marco lleva una inscripción en latín “Servus Mariae numquam peribit”, un siervo de María nunca perecerá. Se expresa así una profunda e ilimitada confianza en su poder, su sabiduría y su bondad maternal. A ella, confiamos todo, con la seguridad de que Ella cuidará perfectamente de nosotros.

 

 

La corona de la Mater Ter Admirabilis

Con la Iglesia, Schoenstatt proclama a María como Reina.  Ella es la “plena de gracias”, la obra maestra de Dios. Es reina porque se hizo una sola ofrenda con Cristo al pie de la cruz y ahora reina junto a Cristo resucitado en el cielo. Es reina, también, porque nosotros, que nos confesamos sus hijos y siervos, la proclamamos como tal.  Al entregar una corona a la Virgen, la Familia de Schoenstatt quiere reconocer la realeza y su poder de gobierno, es decir, que ella, en dependencia del Señor y en íntima unión con Él, puede intervenir en nuestra vida, en la vida de la Iglesia y en el acontecer del mundo. Toda corona a María es expresión de gratitud, de desvalimiento y disponibilidad.  De una entrega total a su poder de reina y madre,   La Familia de Schoenstatt se enorgullece de ser un reino de María con María por Cristo Jesús, en el Espíritu Santo hacia el Padre.

 

 

La Cruz de la Unidad

cruz de la unidadLa cruz es el gran símbolo de la Redención y el signo de todo cristiano.  Esta Cruz simboliza la íntima unidad de Cristo y María, del Hijo y su Madre.  En la cruz, María está de pie junto a su Hijo y sostiene en sus manos un cáliz. Ambos se miran expresando así su íntima unidad en una misma y única ofrenda al Padre. Ella es la Compañera y Colaboradora Permanente de Cristo en toda su obra de redención, que culmina en la cruz.  Ella también se entrega por entero a esa obra y recibe de su Hijo Crucificado la abundancia de su gracia de salvación.  Y es desde lo alto de la cruz, que Cristo la proclama como nuestra Madre.

 

 

El tabernáculo

Lugar de la presencia del Dios escondido que se hace alimento de los peregrinos. Cristo está en el centro del Santuario, así como está en el centro del corazón de María, su tabernáculo vivo. Si peregrinamos a un santuario de Schoenstatt para encontrarnos con la Santísima Virgen, ese encuentro con Ella siempre nos conducirá a un encuentro con Cristo y, en Él, con Dios Padre. Como en las bodas de Caná, Ella, como nuestra Madre, pide a Cristo que nos regale el vino que necesitamos para nuestra santificación, y también nos da su maternal consejo: "Hagan lo que Él les diga", amen a Cristo como yo lo amo, síganlo como yo lo seguí y cooperen en su obra como yo lo hice en la tierra y como sigo haciéndolo en el cielo. Ella quiere que Cristo habite en nuestro corazón como en un pequeño tabernáculo y lo llevemos a todos nuestros ambientes.

 

 

El símbolo de Dios Padre

simbolo de dios padreO Ojo del Padre como le llamamos es para todo un reconocer que Schoenstatt es hijo de la fe práctica en la Divina Providencia. Su origen y su historia están estrechamente ligados a la persona de Dios Padre.   Con la Alianza de Amor que sellamos con María se despierta en nosotros un auténtico espíritu filial y la disposición a cumplir la voluntad del Padre en todas las circunstancia de nuestra vida.   María nos lleva a esta forma de singular cercanía a Dios Padre. Por Cristo, con ella, en el Espíritu Santo, caminamos hacia el Padre. Esa es la ley interna que rige la espiritualidad de Schoenstatt. Este símbolo en el Santuario nos habla de la presencia silenciosa de Dios que es Padre, que acompaña, bendice y dirige nuestro peregrinar, que nos mira cálidamente y quiere ver en nosotros a su Hijo,  y  que nos dice que valemos tanto como la cara pupila de sus propios ojos.

 

 

El símbolo del Espíritu Santo

simbolo del espiritu santoLa Virgen María es para nosotros el camino que nos lleva a la Santísima Trinidad. Schoenstatt es marcadamente trinitario. Por eso no podía faltar en el santuario el símbolo de la segunda persona de la Santísima Trinidad. La “plena de gracia”, aquella que el Espíritu Santo cubrió con su sombra y que lo imploró para la Iglesia naciente en el Cenáculo, lo continúa implorando en su pequeño santuario de Schoenstatt. El santuario es un nuevo cenáculo donde María forma apóstoles y los envía para que, animados por la fuerza del Espíritu Santo, den vida al mundo. El padre fundador decía: "La Iglesia celebra Pentecostés una vez al año, nosotros, los schoenstattianos, cada vez que visitamos con fe el Santuario". Nos recuerda que allí debemos implorar el Espíritu Santo especialmente para la Iglesia y el mundo.

 

 

La estatua de San José

san joseUn "escogido" de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. No podemos pensar en la Virgen María sin pensar al mismo tiempo en San José, el Santo del Silencio, el hombre justo, el silencioso esposo y guardián de María, el que cuidó la Sagrada Familia, el padre adoptivo de Jesús.  Con su callada y silenciosa obediencia a Dios, su varonil paternidad y su transparente cercanía protegió el misterio de María y de Jesús en Nazaret. El que recibió a María en su casa, nos enseña a recibirla también en la nuestra. Iluminados por su ejemplo, aprendemos la santidad oculta y sencilla, la fidelidad a Dios en la vida cotidiana, que santifica la vida de familia y el trabajo.  Patrono de nuestra ciudad, se convirtió en nuestro guía y protector en nuestro anhelo del primer Santuario a quien le solicitamos confiadamente que nos ayudara a buscar un hogar a su esposa y su respuesta no se hizo esperar.

 

 

La estatua del arcángel san Miguel

san miguelEl arcángel san Miguel es el Guardián del Santuario y el que lucha contra las fuerzas demoníacas que atentan contra el Reino mariano que María quiere construir desde su Santuario. Nos recuerda el trasfondo de la historia de salvación y la presencia en ella del Dragón que yace derrotado a los pies de san Miguel. Si Schoenstatt está llamado a cumplir una tarea en la renovación del mundo, no puede dejar de ver que, como afirma san Pablo, nuestra lucha no es contra los poderes de este mundo, sino contra el adversario de María. Una vez más la Serpiente quiere ser vencida por Cristo, para que surja victorioso el reino de Dios Padre. Con sus albas vestiduras y su lanza, al arcángel san Miguel quiere traspasar todo con la claridad de Dios.

 

 

Las estatuas de san Pedro y san Pablo

Estas estatuas expresan el carácter marcadamente apostólico de la Familia de Schoenstatt y su unión a la Iglesia. San Pablo sostiene en sus manos una espada que simboliza el espíritu de conquista apostólica que él encarnó tan preclaramente y que nosotros estamos llamados a continuar. San Pedro tiene en sus manos las llaves del Reino y el Evangelio. Su persona nos une especialmente al Santo Padre y nos recuerda el epitafio de la tumba del fundador de Schoenstatt: "Amó a la Iglesia".

san pedrosan pablo

El altar

altarEl altar es la mesa de la celebración de la Cena Eucarística, la Santa Misa. Sobre él, en cada celebración Eucarística, se actualiza el Sacrificio que Cristo ofreció de sí al Padre en la cruz del Gólgota. Así como en el sacrificio del Gólgota, la Cruz fue el altar y Cristo, la Ofrenda, así en cada Celebración Eucarística, el altar es el lugar donde se colocan las ofrendas de la Misa, el pan y el vino, que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Cuando peregrinamos al Santuario, llevamos también nuestras contribuciones al capital de gracias, es decir, nuestras muestras de amor a María, para ponerlas sobre el altar y ofrecerlas al Padre, en Cristo, por manos de María. Así como ella acompañó a Cristo a subir a la Cruz para ofrecerse al Padre por nuestra redención, así también ella nos quiere acompañar siempre a acercarnos al altar para ofrecernos con su Hijo, con todo lo que somos y tenemos, al Padre celestial.

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