"Mi vivencia en las Misiones"

Por Mauricio Alvarez Vieto


Este año tuve la oportunidad de participar por primera vez en las misiones de Semana Santa en San Martín, en Guanacaste. Fue una increíble experiencia, a continuación, explicaré el porqué.

 Es el tercer año que se realizan estas misiones en esta comunidad, por lo tanto, según se acostumbra hacer, es la última vez que se realizan en esta localidad.   San Martín es una comunidad en la que la Mater ya está presente, por medio de la Virgen Peregrina, además está entronizada en la capilla del lugar. Esto significa que visitamos familias a cuyas casas llega la Mater desde hace ya al menos un año, entonces el enfoque de las visitas estuvo en compartir las experiencias y los cambios que habían vivido con la Mater llegando a sus hogares. Cuando una Virgen Peregrina se entrega al encargado, quien la entrega dice: “Ella es la gran misionera…” y quien la recibe responde:  “…ella obrará milagros”, definitivamente esto fue lo que pude constatar en las distintas casas que visitamos, la Mater ha obrado milagros. Fue increíble ver cómo en pocos años estos hogares han cambiado tanto, para bien. Escuchar todas las historias que nos contaban fue una experiencia que fortaleció mucho nuestra fe, e incluso muchas veces nosotros éramos los que salíamos “misionados” de las casas.

Hay esperanza en la familia...

Otro aspecto que me marcó de esta misión fue el hecho de compartir y misionar con familias jóvenes.  Con 20 años, la época que vivo está llena de muchas preguntas, dudas y decisiones que marcarán el futuro de mi vida, por lo tanto “vivir” una semana con familias tan ejemplares definitivamente sirve mucho para “tener un panorama más claro” respecto a esta vocación de formar familia, además sirve para darse cuenta de que a pesar de la gran crisis familiar que hay en el mundo, aún hay matrimonios que viven santamente su vocación, lo cual es realmente esperanzador y motivador para esforzarse cada día más en buscar la santidad, para desempeñar la vocación de la mejor manera posible, sea cual sea.

Valorando lo que muchas veces se da por hecho...

Además de visitar casas, participamos y cooperamos con las distintas actividades de Semana Santa que se realizaron en la comunidad.  Fue interesante ver cómo los miembros de este pueblo viven de una forma muy intensa estas actividades, tal y como debe de ser. Pero principalmente lo que más me marcó fue el Vía Crucis, ya que nunca había participado de un Vía Crucis tan grande, lo cual me permitió vivir de forma más intensa la pasión de Cristo, especialmente por el esfuerzo que esto implicó, ya que duró 2 horas, bajo el sol, en Guanacaste. Otro aspecto interesante sobre estas celebraciones es que en ninguna participó un sacerdote, es decir todas fueron Liturgias de la Palabra. Muchas veces damos por un hecho la presencia de uno o varios sacerdotes en las misas de Semana Santa, sin embargo, esta experiencia me permitió valorar más la gran bendición que es contar con sacerdotes en las zonas  donde vivimos, ya que muchísimas comunidades no pueden contar con este “lujo”. Además, me mostró la gran necesidad de rezar por las futuras vocaciones sacerdotales.

En general estas misiones fueron una experiencia increíble, llevando esperanza a la pequeña comunidad de San Martín. Muchas veces cuesta salir de la zona de confort, especialmente en Semana Santa, considerada como una “semana de descanso”. Sin embargo, como católico, el hecho de misionar durante esta semana, me ayudó a vivirla mejor y aunque sí fue cansado físicamente, cuando se misiona se recibe más de lo que se da, y en vez de pensar en que no tuve tiempo para descansar, salí de la Semana Santa con más energía que nunca, impulsado y motivado por todas las experiencias vividas.

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ORACIÓN

15 de Sept. 1968 - 15 de Sept. 2018

 

Padre y Dios nuestro, gracias por regalarnos en el Padre Kentenich un padre y profeta, testimonio vivo del Evangelio para nuestro tiempo, encendido por el Espíritu Santo.

¡Danos de su fuego y de su espíritu de fundador! Regálanos su amor ardiente a ti, a tu Hijo Jesús y a María. Haz que su carisma esté tan vivo en nosotros, que podamos plasmar el futuro de la Iglesia y la sociedad.

 

Su visión sea nuestra visión:
que en la fuerza de la Alianza de Amor surja un mundo nuevo, y dondequiera que vivamos y actuemos, podamos gestar una cultura de alianza.

 

Querido Padre Dios, te pedimos:
incorpora al Padre Kentenich en el círculo de los santos reconocidos por la Iglesia. Ábrele puertas a él y a su misión, para que conduzca a muchos a tu corazón, plenitud de vida.

 

Te lo pedimos unidos a María, nuestra Madre, Reina y Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt, por Cristo nuestro Señor. Amén.